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Poder

El aire viciado de la corrupción

En épocas de campañas electorales, aspirantes y elecciones, la corrupción se vuelve el tema obligado de debates y también de nuestras conversaciones informales.

Por Juan Felipe Bedoya-Gerente General Porsche Colombia

Hemos presenciado -en la actual campaña presidencial- que los candidatos se pelean ferozmente por convencer a la audiencia de que cada uno es más digno que los otros, de ser el “mejor representante de la anticorrupción” y escuchamos de parte de políticos, padres de familia, empresarios y gentes del común, variadas expresiones de lo ruinosa que resulta la corrupción.

Sin embargo, tras pocas semanas de la instalación de un nuevo Congreso o de la ceremonia de posesión de un nuevo alcalde, presidente o cualquier otro funcionario elegido popularmente, es común que las voces se acallen; la corrupción sigue su curso y sus efectos devastadores, ya sin escrutinio público, siguen haciendo de las suyas, mientras que 21 millones de colombianos y contando, están sumidos en la pobreza, nuestros niños y jóvenes se alimentan mal y reciben una pobre educación, nuestra infraestructura no avanza con las necesidades crecientes de nuestra gente, la violencia generada deja incontables victimas y la imagen internacional del país se debilita y se constituye como un gran argumento en contra de la inversión y, peor aún, nuestras empresas locales no prosperan para competir en el entorno mundial. Nuestro progreso, a pesar de la corrupción, es innegable pero insuficiente.

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