
“Congresistas del Centro Democrático han sido el palo en la rueda”: Andrea Padilla
La negativa del Ministerio de Agricultura a la inclusión del artículo 20 en el PND es la más reciente estocada a los defensores del bienestar animal: pone en tela de juicio el compromiso del presidente Gustavo Petro con la senadora Andrea Padilla y evidencia la prioridad que da el Gobierno a los intereses económicos de las actividades pecuarias. La senadora espera un triunfo en el proyecto de ley que prohíbe la tauromaquia y las corralejas.
Por: Olga Sanmartín
Es mujer y dedica su vida, desde hace más de 20 años, al activismo por la defensa de los derechos de los animales no humanos; lo hace en un país curtido por la muerte, donde el valor de la vida, del dolor, se ha diluido hasta esfumarse. Lo hace en un país machista, donde muchos de los hombres más poderosos, pero también aquellos que encarnan la voz popular, aún encasillan a las mujeres dispuestas a batallar y las rotulan como viejas locas, histéricas, “pataletudas” y sin oficio, en un intento, en este caso fallido, por disminuirlas frente a la opinión pública. Lo hace en un país racista, también clasista, donde “los pobres y los negros merecen su suerte”. Lo hace en un país donde ni siquiera muchas mujeres, de supuesta naturaleza protectora, son sus aliadas, porque han perdido su capacidad de empatía y están más preocupadas por el poder, el odio, el dinero y la belleza. Lo hace en un país casi medioeval, donde aún hay unos “reyecitos”, con mucho poder económico, que mandan y aseguran que la tauromaquia o las corralejas y las peleas de gallos son cultura, y que las mujeres ¨deben ocupar su lugar”. Y finalmente, lo hace en un país donde defender los derechos de los animales no humanos está en el último lugar de la lista, porque los gobiernos, incluido este, deben concentrarse prioritariamente en la paz entre humanos.
En ese complejo y solitario camino, Andrea Padilla, hoy senadora de la república y antes concejal de Bogotá, libra toda suerte de batallas enormes para que los más desprotegidos, los que han estado por siempre en el olvido y en el maltrato, más que los pobres, más que los indígenas, más que los negros y más que las mujeres, sean protegidos al menos en los más elementales de sus derechos. Tiene fuerza, tiene ética, no han podido silenciar su voz y ese logro no es gratuito; ella ha tenido una interesante y nutrida formación académica que le ha servido de escudo en contra de tanta piedra y la ha mantenido como una activista que no se rinde, que ha aprendido a jugar el “ajedrez” de la política sin caer en la trampa de la corrupción. En definitiva, le ha enseñado a ser una “activista racional”.
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