
Paz Total: un camino cuesta arriba
La principal bandera de Gustavo Petro hoy es blanco de críticas de amigos y detractores del gobierno. Se habla de problemas en la implementación de los acuerdos, vacíos jurídicos en la ley de sometimiento, narcotraficantes pescando en río revuelto y un panorama incierto con el ELN. ¿Tiene futuro la política de paz total?
Por: Redacción Cambio
Los grupos armados han sido el eje central de las elecciones presidenciales del último medio siglo en Colombia. Cada cuatro años los votantes acudían a las urnas para elegir entre candidatos que, casi siempre, ofrecían dos visiones diametralmente opuestas sobre cómo lograr la paz y garantizar el orden público: mano dura vs. negociación.
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Esa realidad política cambió en 2022. Por primera vez, ya con unas Farc desmovilizadas, ambos contendores prometían implementar los acuerdos de La Habana y ponían sobre la mesa estrategias para silenciar los fusiles de los grupos armados que seguían operando en el territorio. La del ingeniero Rodolfo Hernández resultaba risible: “eso póngale un otrosí a lo que se firmó en Cuba y listo”. Gustavo Petro, por su parte, planteaba una apuesta mucho más ambiciosa, elaborada y compleja.
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