
Al César lo que es del César: la reelección de Gaviria en el Partido Liberal carece de legitimidad
En una convención que se demoró dos años en ocurrir y hecha a la medida del continuismo, el expresidente le puso un tornillo más a su trono en el Partido Liberal. La torpeza estratégica del petrismo y las pocas garantías democráticas del encuentro tienen a las toldas rojas atrapadas en las manos de un político que se resiste al retiro.
Por: Mateo Muñoz
Como un rey decadente -pero al fin rey- César Gaviria salió de la XI convención liberal en los hombros de unos cuantos que celebraban su reelección como el director nacional del partido. El político de 77 años aseguró, como mínimo, dos años más de ser el amo y señor de una empresa electoral envidiable: 45 congresistas, cientos de alcaldías, gobernaciones, curules en asambleas y concejos. El liberal es un ‘muerto’ que se ha mantenido muy vivo a punta de transacciones y de engavetar con doble llave la coherencia ideológica.
Gaviria y su hijo Simón han manejado al Partido Liberal desde hace dos décadas. En 2005, el expresidente regresó a la colectividad y fue elegido como director nacional en la II Convención. Su promesa de reunificación para darle la pelea a Álvaro Uribe en las elecciones de 2006 cautivó a sus copartidarios y permitió el regreso de voces fuertes como la de Rafael Pardo.
La camaradería liberal dio a luz a la candidatura presidencial de Horacio Serpa, una tercera que no fue la vencida y terminó en fracaso. Serpa quedó detrás de Uribe Vélez y Carlos Gaviria. A los liberales ni siquiera les alcanzó para la medalla de plata, algo nunca visto en un siglo y medio de existencia.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios










