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Corcho o Cepeda: la consulta que pone a prueba al Gobierno y define el futuro del petrismo 2
Poder

Carolina Corcho o Iván Cepeda: la consulta que pone a prueba al Gobierno y define el futuro del petrismo

Iván Cepeda y Carolina Corcho, precandidatos presidenciales.

La convocatoria de la izquierda a las urnas llega en un momento político álgido en el país. La consulta no solo le servirá al Pacto Histórico para escoger su abanderado en la carrera presidencial, sino también será un termómetro para el Gobierno de Petro y la coalición de partidos que triunfaron en 2022.

Por: Mateo Muñoz

La consulta del Pacto Histórico parece estar “rezada”, así lo dijo un militante del Pacto Histórico por el viacrucis que ha implicado realizar las elecciones para elegir a su candidato ⎯o precandidato⎯ presidencial. La incertidumbre jurídica se ha sumado a la peor crisis política con Estados Unidos en la historia reciente y un nuevo llamado a la constituyente por parte del presidente Petro. En el petrismo hay opiniones divididas sobre las consecuencias de este caldo de cultivo. Unos creen que saldrán castigados y otros que será una prueba fiel de respaldo popular. Lo cierto es que no solo está en juego la nominación entre Iván Cepeda y Carolina Corcho, sino la capacidad del progresismo de convocar a las urnas.

Las elecciones de este 26 de octubre han sido atípicas desde donde se le miren. Se solicitaron como una consulta interna de un nuevo partido llamado Pacto Histórico y resultaron en una interpartidista entre el Polo Democrático, el Partido Comunista y la Unión Patriótica. Además, empezaron con tres aspirantes presidenciales y terminaron siendo dos; aunque en el tarjetón sí aparecerá la terna de candidatos. Y aún hoy, a horas del cierre de la jornada, no hay certeza al ciento por ciento de que el ganador podrá medirse en la otra consulta de marzo.

Pero hay otro factor clave: es la primera vez en muchos años, que el partido de Gobierno utiliza la ventana del último domingo de octubre para elegir a su candidato presidencial. Las últimas consultas internas en esta época del año las hizo el Partido Liberal en noviembre de 2017. Esa medición estuvo a punto de cancelarse por el costo que implicaba y la resistencia del Ministerio de Hacienda. Al final, votaron 744.000 personas de 35 millones de votantes habilitados, un fracaso estridente en la convocatoria.

Por ello, no es de poca monta que el petrismo se mida en las urnas este domingo, pues inevitablemente servirá de medidor de popularidad y convocatoria del Pacto y, por supuesto, del presidente Petro. Si la asistencia es masiva habrá aleluyas en la Casa de Nariño. De lo contrario, las alarmas serán aturdidoras en el alto Gobierno.

Pocos incentivos más allá de los ideológicos

El listón más cercano que tiene el Pacto Histórico en términos de consultas es de 5.574.894 de votos, el total de personas que fueron a las urnas en marzo de 2022 a elegir entre Petro, Francia Márquez, Camilo Romero, Arelis Uriana y Alfredo Saade. Semejante votación adelantó que Petro tenía asegurado un lugar en la segunda vuelta.

Sin embargo, la convocatoria a esas elecciones no solo fue impulsada por la figura de Petro y la potencia de Márquez, sino también por haberse hecho en marzo, el mismo día de las elecciones a Congreso y de otras dos consultas interpartidistas.

En cambio, las de este domingo caminarán en solitario. Ningún otro movimiento aprovechó la fecha del calendario electoral y tampoco habrá elecciones generales de ningún tipo. De hecho, no se entregará certificado electoral al tratarse de comicios de una sola corriente política, por lo que el Estado no puede incentivar la participación de los ciudadanos. En otras palabras, votar no le representará al elector los beneficios a los que tiene derecho en las elecciones generales: medio día de descanso remunerado y descuentos en matrículas de instituciones públicas.

Incluso, en las votaciones pasadas de los Consejos de Juventud, la Registraduría hizo alianzas con empresas privadas para ofrecer incentivos adicionales como descuentos y promociones. Una estrategia que, a juzgar por los resultados de participación, funcionó.

Por ello, la motivación de los colombianos para movilizarse a votar, a pesar del clima o los compromisos familiares, será en buena parte ideológica; apoyar a su candidato a la Presidencia, el Senado y la Cámara de Representantes.

Sin embargo, en el Pacto Histórico saben que entre la extensa lista de aspirantes al Congreso hay varios con capacidad de movilizar estructuras regionales al estilo de los partidos tradicionales. Voces fuertes del petrismo como Gustavo Bolívar han advertido de esta situación:  ‘El Pacto Histórico avaló para la consulta a una serie de candidatos de la politiquería tradicional, en todo el país, incluso en Bogotá, que con sus maquinarias y su poder económico aplastarán a nuestras bases’, dijo el exdirector de Prosperidad Social.


  • Para entender el rollo de las maquinarias políticas que se colaron en la consulta del Pacto, lo invitamos a leer esta investigación.

Fuentes en el petrismo señalan que la aspiración de votos de este domingo oscila entre el millón y medio (para los más pesimistas) y los 3 millones y medio (para los optimistas). En este último grupo creen que la confrontación entre Donald Trump y Gustavo Petro podría movilizar más votantes de los esperados en una especie de refrendación a su presidencia. Esa teoría la ha venido impulsado el mismo mandatario y su círculo cercano, quienes tienen confianza en la disciplina de las bases y el momento político.

Dos nombres, dos métodos, el mismo objetivo

La escogencia de la consulta como mecanismo de elección de sus candidatos refleja la imposibilidad del Pacto Histórico de suscribirse a un programa claro y definido. Aunque la figura de Petro es la que agrupa los movimientos y partidos, en la práctica y la mecánica política no ha habido cómo encontrar una armonía en el petrismo y el último mes ha sido reflejo de ello.

En solo 30 días, Daniel Quintero se volvió el enemigo público de la izquierda purista a pesar de contar con el afecto del presidente, proliferaron señalamientos cruzados por los errores internos que han torpedeado la fusión y la consulta murió y revivió varias veces. Una diversidad que al final no deja de pasar factura.

Por ello, los dos precandidatos presidenciales en carrera, aunque están en la misma coalición, han llevado campañas distintas. A diferencia del Centro Democrático, donde las diferencias entre los aspirantes son más en estilo y forma, en el Pacto es claro que Iván Cepeda y Carolina Corcho tienen contenidos distintos.

Cepeda es el rostro de la izquierda tradicional y su apuesta por la estructura partidista lo refleja. No lleva una campaña disruptiva de redes sociales y audaces anuncios. Su estrategia responde a los discursos, los eventos y mítines. De hecho, decidió nombrar y enumerar sus intervenciones bajo la sombrilla de ‘discursos programáticos’, siendo el del cierre de campaña el número nueve.

Infografía trayectoria de Iván Cepeda

En su equipo confían en una victoria arrolladora sobre Corcho. Esa noción se apalanca en el peso de la figura de Cepeda tanto en el Pacto como en la izquierda por fuera de esa coalición. Además, esperan que la absolución de Álvaro Uribe, lejos de golpear su candidatura, la haya impulsado. 



Carolina Corcho ha tenido una visión distinta de llevar la competencia política. Su impronta ha sido la de retar hasta las propias directivas del Pacto. No le interesa ser la aspirante de los partidos y la estructura, sino la candidata de las bases, de los militantes. En ello lleva una ventaja de al menos año y medio, pues desde su salida del Ministerio de Salud se dedicó a recorrer el país y hacer el trabajo ‘de abajo hacia más abajo’ como dijo una persona cercana a su equipo.

Infografía de Carolina Corcho

Al igual que Cepeda, pero a diferencia de Daniel Quintero, no hay dudas sobre las convicciones de Corcho y su compromiso con el programa de Petro. También son inexistentes sus vínculos con la politiquería tradicional, aunque a la larga eso le resta puntaje en el plano de lo estratégico. “Si queremos retroceder en pragmatismo y avanzar en coherencia, entonces hay que elegir a Corcho. Pero eso puede costar la Presidencia”, le dijo a CAMBIO uno de los líderes del Pacto.



Por ello, de quien resulte ganador depende el fondo y la forma de la campaña presidencial del Pacto Histórico: una aspiración a contracorriente de la emotividad de redes sociales como la de Cepeda, o una apuesta disruptiva y distante de alianzas amplias como la de Corcho.

Tal vez, sin quererlo, en las elecciones de este 26 de octubre el Pacto Histórico no solo está eligiendo sus candidatos apelando a la horizontalidad y al ‘poder constituyente’, sino también pondrá la primera piedra del proyecto político después de la presidencia de Gustavo Petro: una izquierda amplia más allá de la figura de un caudillo, o una izquierda todavía supeditada a los designios del futuro expresidente.

Un reto institucional durante y después

En primer lugar, el orden público sigue siendo un aspecto volátil y susceptible a manchar las elecciones de este domingo. Aunque el Gobierno nacional ha dispuesto una robusta estrategia de seguridad, persisten amenazas latentes especialmente en las regiones. 

Estas elecciones, consideradas como la verdadera primera vuelta presidencial, serán la prueba inicial de la capacidad del Estado para blindar el proceso democrático. Con los cuestionamientos hacia la paz total arreciando desde todos los sectores, un solo hecho de violencia en la jornada sería una tragedia humana y política.

Por otro lado, la relación entre el presidente Petro y los organismos electorales ha sido tensionante. Desde la mitad de su mandato, el jefe del Estado ha deslizado la idea de que el fraude en la Registraduría es común y ha señalado al Consejo Nacional Electoral (CNE) como el escenario del golpe blando en su contra. 

Esas críticas y acusaciones de alto calibre se incrementaron en el último mes por el caos jurídico de la consulta del Pacto. Aunque la incertidumbre es en gran parte atribuible a errores propios del petrismo, también es innegable el componente político del CNE.

Por ello, si los resultados de la consulta son desastrosos, desde ya se prevé una reacción furiosa del presidente en contra de los rectores de las elecciones. El mandatario atribuirá la escasa convocatoria a los obstáculos puestos al Pacto y calentará aun más el discurso constituyente. 

Sin embargo, en la reacción presidencial hay un margen que se escapa de toda predicción. No está claro qué decisiones podrían venir si la convocatoria de este 26 de octubre es mínima comparada con las expectativas. El golpe no solo será a la candidatura presidencial del petrismo, sino también al mito de su capacidad de convocar al constituyente primario, clave para la idea de la constituyente.

Pero en el escenario victorioso también hay incertidumbre sobre la reacción presidencial. Si la convocatoria del petrismo a las urnas es exitosa, el mandatario tendrá, por primera vez, evidencia reciente de la popularidad que profesa. Será el combustible que necesita para la recta final de su mandato, así como para tomar decisiones todavía más retadoras.

Lo cierto es que, en la tarde del domingo, no solo la izquierda contendrá la respiración mientras se cuentan los votos, sino también ese que llaman ‘el país político’.

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