
Exclusivo: Los secretos que esconde la mansión de Papá Pitufo
Diego Marín, el denominado zar del contrabando.
CAMBIO revela los detalles del allanamiento a la casa de Diego Marín, el denominado zar del contrabando. Los investigadores tienen en su poder hojas de vida de funcionarios activos de la DIAN que estaban en los archivos de Marín y la totalidad de las grabaciones de las 35 cámaras de seguridad de la mansión.
El pasado jueves, cuando los oficiales llegaron a la ahora famosa mansión de Guaymaral, el reloj marcaba las 6:30 de la mañana. Habían transcurrido apenas cuatro días desde la publicación de CAMBIO que sacudió los cimientos del mundo político, jurídico y policial. Ese trabajo de reportería que tomó varios meses, y que contenía las pruebas de cómo Papá Pitufo logró entregar al menos 500 millones de pesos en efectivo con destino a la campaña presidencial de Gustavo Petro, prendió las alarmas de las autoridades que, ese mismo día, tomaron atenta nota de todo lo mencionado en el artículo para profundizar la investigación.
La portada dominical publicada por María Jimena Duzán y Federico Gómez Lara, y el relato detallado y contrastado con fuentes sobre cómo en esa propiedad se entregó la plata al español Xavier Vendrell, en compañía de Néstor Daniel García Colorado, fue suficiente para que el cuerpo de oficiales consiguiera la orden de allanamiento requerida para irrumpir de sorpresa en la propiedad del zar del contrabando.
No era una tarea fácil. Los hombres a cargo de la misión, que llevan años siguiéndole la pista a este fantasma del hampa, sabían muy bien que Papá Pitufo, al mejor estilo de Pablo Escobar, ha logrado tal nivel de infiltración en el Estado que, hasta hoy, consigue enterarse de los operativos antes de que ocurran, y valerse del tiempo suficiente para que sus hombres limpien las escenas del crímen, se escapen, manipulen o desaparezcan pruebas. En ese sentido, era necesario compartimentar la información para que ninguno de los agentes que iban a allanar la propiedad supieran quién era el dueño. Por eso, los investigadores al mando no citaron a sus hombres directamente en la casa, sino en el CAI de Guaymaral.
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