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Poder

Iván Duque y Benjamín Netanyahu: ¿Dios los cría y ellos se juntan?

El expresidente Iván Duque presumió en sus redes su encuentro en Jerusalén con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, un prófugo de la justicia internacional por el genocidio en Gaza. Ambos personajes no sólo comparten una afinidad ideológica; los dos tienen problemas con la Corte Penal Internacional: mientras el israelí enfrenta una orden de arresto de dicha Corte por el genocidio en Gaza, el exmandatario colombiano tiene una denuncia en ese tribunal por la masacre del estallido social de 2021.

Por: Rafael Croda

La imagen parece cuidadosamente planeada: Iván Duque, sonriente como pocas veces, posa junto a Benjamín Netanyahu en una oficina de gobierno en Jerusalén. El telón de fondo de la toma es un enorme mapa de tonalidades azules y terracota en el que sobresalen la Península Arábiga y el Mar Rojo.

El primer ministro de Israel y el exmandatario colombiano acaban de intercambiar libros de su autoría: “Bibi: mi historia”, un relato autobiográfico del principal responsable del genocidio en Gaza, y “Fuerza y verdad”, una recopilación de conversaciones en Oxford del político del Centro Democrático.

La foto con “Bibi”, como le llaman sus amigos al primer ministro israelí, fue divulgada por Duque en sus redes sociales. En Colombia causó un generalizado repudio, incluso entre miembros del Centro Democrático. Y no es para menos.

Netanyahu es requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), tribunal que pidió su arresto a todos los países, por crímenes de guerra y de lesa humanidad. “Bibi” es acusado de ordenar bombardeos indiscriminados sobre Gaza, bloquear el acceso a alimentos y medicinas a esa zona y utilizar el hambre como arma de guerra.

El diario israelí Haaretz ha estimado en cerca de 100 mil el número de palestinos muertos en la “guerra genocida” de Israel contra los palestinos en Gaza, la mayoría por los ataques ordenados por Netanyahu, pero también por efectos indirectos de la confrontación como son el hambre, el frío y las enfermedades.

Según encuestas en Israel, más de las dos terceras partes de israelíes apoya un acuerdo con Hamás para poner fin a los combates y liberar a todos los rehenes que aún mantiene en su poder ese grupo terrorista.

Iván Duque suele actuar como una personalidad política escuchada en el mundo. Publica libros, tiene una fundación, habla de democracia, libertad, prosperidad, innovación y defensa del medio ambiente. En su página web se presenta como “político, filántropo y empresario destacado”.

Pero Duque ha sido el presidente más impopular de Colombia de las últimas tres décadas, según datos de Invamer. En abril y mayo de 2021 el 76% de los colombianos rechazaba su gestión, dos puntos más que el rechazo que tenía Andrés Pastrana en diciembre de 2001.

Además, el expresidente enfrenta una demanda ante la CPI por su presunta responsabilidad en las muertes de decenas de manifestantes durante el estallido social del 2021, atribuidas a la fuerza pública.

La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) recibió denuncias de 63 personas fallecidas durante las movilizaciones y constató la muerte de 44 manifestantes, la mayoría por heridas de armas de fuego disparadas por agentes del Estado y personas vestidas de civil.

Esos son los datos más conservadores sobre las muertes ocurridas durante el estallido social del 2021. Indepaz, por ejemplo, tiene un listado de 80 víctimas de la violencia homicida en el marco de esas movilizaciones. Todas aparecen con nombre, apellido, fecha de muerte y presunto victimario.

Cuatro años después de esos hechos, ni uno solo de los autores materiales ni los responsables políticos de la brutal represión con la que Duque enfrentó ese paro nacional ha sido condenado por los múltiples delitos que se cometieron en el marco de las protestas: desde agresiones sexuales, torturas y heridos de bala, hasta asesinatos.

La directora para las Américas de Human RightsWatch (HRW), Juanita Goebertus, dice a CAMBIO que, en general, comparte “la percepción de impunidad” que existe frente a los responsables de esos crímenes.

Y señala que los graves actos de represión del estallido social de 2021 “se cometieron en el marco de la respuesta del gobierno de Iván Duque a la protesta, y son las autoridades judiciales en Colombia las que deben indagar sobre la responsabilidad, incluyendo la responsabilidad de mando de los civiles que tomaron la decisión de cómo responder a estas protestas”, que tuvieron lugar entre el 28 de abril y el 15 de julio de ese año.

La exministra de Justicia Ángela María Buitrago sostiene que cuatro años después de esos hechos ya debería haber “fallos concretos” contra los responsables de los al menos 44 manifestantes y dos policías muertos que reporta la ACNUDH. Señala que, también, contra los que hirieron, torturaron y desaparecieron personas en el marco de las protestas.

Para Buitrago, frente al estallido social, el Estado colombiano encabezado por Duque “tuvo una reacción desmedida, y esto no solamente lo han dicho la ONU, la CIDH (la Comisión Interamericana de Derechos Humanos), sino también muchos organismos nacionales e internacionales de derechos humanos”.

Dice que es evidente que, en vez de responder con el diálogo a la protesta social, que era legítima porque millones de jóvenes se sienten excluidos y marginados, el gobierno de Duque privilegió la represión.

La represión en la era de Duque

Según datos de la ACNUDH y de la CIDH, el nivel de represión estatal contra la protesta social en el gobierno de Duque es el tercero más cruento que ha ocurrido en América Latina en el transcurso de este siglo. Sólo lo superan las masacres de manifestantes en la Venezuela de Nicolás Maduro (2017) y en la Nicaragua de Daniel Ortega (2018).

Esto quiere decir que únicamente esos dos dictadores, Ortega y Maduro, han reprimido la protesta social en la región con más crueldad que Iván Duque.

Paradójicamente, el exmandatario colombiano ha criticado el totalitarismo de Nicaragua, Venezuela y Cuba. En contraste, su complacencia frente al genocidio palestino en Gaza se explica por sí sola en las fotos con Netanyahu.

De acuerdo con Juanita Goebertus, la imagen de Duque con Netanyahu no solo exhibe su “doble moral” sino su “profundo desconocimiento del derecho penal internacional”.

Fue llamativo, por ejemplo, que en julio de 2021, luego de que envió al Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía Nacional a sofocar a sangre y fuego las protestas sociales en Colombia, Duque se alzó como defensor de los jóvenes cubanos que salieron a protestar en esos días contra el régimen totalitario que encabeza Miguel Díaz Canel.

Las protestas, señaló el gobierno de Duque en ese momento, “constituyen un mecanismo legítimo para reivindicar las demandas sociales y libertades individuales”. En esas manifestaciones en La Habana una persona murió por el accionar de la policía: el cantante Diubis Laurencio Tejeda.

Hasta Díaz Canel, a quien Duque considera “un dictador comunista opresor”, quedó muy lejos de las estadísticas de represión que persiguen al expresidente derechista de Colombia.

Según un informe de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en el que se comparan las respuestas del Estado colombiano frente a las protestas sociales, la represión ordenada por Duque en 2021 es la que más asesinatos de manifestantes por parte de la fuerza pública ha dejado en el último medio siglo en el país.

Hace unos días, en un conversatorio organizado por CAMBIO, el politólogo Mauricio García Villegas recordaba que durante las protestas de los chalecos amarillos que enfrentó a lo largo de 11 meses en Francia el presidente Emmanuel Macron, entre 2018 y 2019, como resultado de la acción de la policía, murió una persona (por un impacto de una granada lacrimógena en el rostro), lo que contrasta con las decenas de muertes que dejó, en menos de tres meses en 2021, la mano dura de Duque.

Tanto en Francia, como en Colombia, en el marco de las protestas, se registraron bloqueos de vías. Macron reconoció la legitimidad de las demandas de los manifestantes porque “muchas personas no están felices con las condiciones en las que viven” y, además, “no han sido escuchadas”. Duque vio en las decenas de miles de manifestantes a jóvenes manipulados por grupos armados ilegales. “Hay un claro interés criminal de afectar y sabotear la economía”, aseguró.

El codirector de la ONG Temblores, Alejandro Lanz, dice que en Colombia “hay una normalización muy grande de la violencia, de la criminalización y la persecución de la protesta”, lo que lleva a una suerte de “silencio social” frente a fenómenos de represión como el registrado en el estallido social de 2021.

Esto, señala, fue aprovechado por Duque “para legitimar, con su discurso, que la policía y la fuerza pública siguieran cometiendo estos crímenes y siguieran reprimiendo de una manera tan violenta las movilizaciones”.

El complaciente fiscal Barbosa

La gravedad de las violaciones a los derechos humanos en el estallido social de 2021 –especialmente el derecho a la vida— contrastó con las omisiones de la Fiscalía General, la Procuraduría (entonces a cargo de Margarita Cabello) y la misma Policía Nacional.

Y es un hecho que, hasta hoy, la justicia no ha alcanzado a los autores materiales y los responsables políticos de la represión contra los manifestantes.

El fiscal general de la época, Francisco Barbosa, quien llegó al cargo impulsado por su amigo Iván Duque, se encargó de que los muchachos que protestaban, muchos de ellos integrantes de “la primera línea”, fueran castigados con todo el peso de la ley.

De acuerdo con un reporte de la Fiscalía General entregado a CAMBIO, el organismo –entonces a cargo de Barbosa— abrió investigaciones criminales contra 1.248 manifestantes y, en contraste, sólo inició indagaciones contra 41 integrantes de la Policía Nacional.

Es decir, el número de procesos que abrió Barbosa contra los jóvenes que participaron en las protestas fue 30 veces mayor que el de los policías y personas vestidas de civil que les disparaban, mientras que la cifra de manifestantes asesinados fue 22 veces superior a la de los dos policías que murieron en el marco de las protestas por la acción de grupos violentos.

El informe de la Fiscalía General indica que, de los jóvenes manifestantes acusados de delitos como terrorismo, concierto para delinquir agravado y sedición, 54 permanecen en calidad de “Indiciados”; cinco de ellos –entre quienes figura Sergio Andrés Pastor González, alias ‘19’, acusado de tortura-- recibieron sentencias condenatorias, y uno más fue absuelto,

En cambio, ninguno de los policías presuntamente responsables de homicidios ocurridos en el marco del estallido social de 2021 ha sido condenado, aunque 11 permanecen en etapa de juicio oral. El resto sigue en las fases de averiguaciones previas o de formulación de cargos.

El abogado de derechos humanos Óscar Ramírez asegura que esta desproporción es resultado de una “operación de impunidad y encubrimiento” cuyo artífice fue Barbosa, el amigo de Duque.

Dice que la primera reacción de Barbosa fue “cruzarse de brazos” ante los delitos de la fuerza pública y de civiles armados que disparaban a los jóvenes manifestantes.

“Pero cuando la comunidad internacional comenzó a condenar con fuerza esa masacre, Duque se preocupó y puso a Barbosa a abrir expedientes contra elementos de la policía”, señala Ramírez, quien es presidente del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos y abogado defensor de algunos de los jóvenes procesados.

Desde el inicio de las protestas, que tuvieron en mayo de 2021 su punto más álgido, Duque intentó justificar el uso de la fuerza para detener “a los violentos” y “a los vándalos” y desarrolló una narrativa que buscaba deslegitimar el carácter social y político de las movilizaciones, presentándolas como amenazas a la seguridad ciudadana.

Pero la comunidad internacional y personalidades populares en Colombia, como la cantante Shakira, no compraron ese discurso y repudiaron la represión y los asesinatos de manifestantes. El 4 de mayo de 2021, la artista colombiana se dirigió al gobierno de Duque. “PARE YA la violación a los derechos humanos y restituya el valor de la vida humana por encima de cualquier interés político”, escribió en su cuenta de Twitter (hoy X).

La Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, organismos de derechos humanos de todo el mundo y agencias de la ONU condenaron “el uso desproporcionado de la fuerza” por parte de la policía colombiana y llamaron al gobierno de Duque a pedir a sus agentes del orden “la máxima moderación” para evitar “más pérdidas de vidas”.

El abogado Oscar Ramírez afirma que la estrategia de Duque y Barbosa para contener las críticas e impedir que la Corte Penal Internacional comenzara a investigar al entonces presidente fue iniciar procesos contra policías involucrados en la muerte de manifestantes.

“Pero mientras los procesos contra los manifestantes imputados contaban con grandes equipos de investigadores y peritos que recolectaban evidencias, los casos contra los policías fueron deliberadamente debilitados por la fiscalía de Barbosa para intentar hundirlos en los juzgados”, asegura.

El historiador y activista de derechos humanos José Benito Garzón pone como ejemplo lo ocurrido el 28 de mayo de 2021 en Cali. Ese día, en una protesta, la policía asesinó a cuatro jóvenes e hirió de gravedad a otros 15 y detuvo a cerca de 40.

Por esos hechos, fue imputado el coronel Édgar Vega Gómez, quien era comandante operativo de la policía metropolitana en Cali. La Fiscalía de Barbosa también judicializó a tres de los jóvenes detenidos por “terrorismo”.

“Esta es la hora en que el coronel no ha recibido sentencia –dice Garzón--, pero en cambio los jóvenes desde el primer momento fueron presentados por Barbosa ante los medios de comunicación como ‘terroristas de la primera línea’ y en noviembre de 2021 ya estaban condenados por terrorismo”.

Este, señala, fue un “patrón” de la Fiscalía de Barbosa, quien se centró en acusar a los jóvenes manifestantes y no actuó profesionalmente contra quienes dieron las órdenes de asesinar, torturar o maltratar.

Garzón, integrante del Tribunal Popular de Siloé (un barrio caleño especialmente golpeado por la represión), afirma que, con apoyo jurídico, los jóvenes pudieron demostrar que fueron víctimas de “un montaje de Barbosa” y fueron liberados.

En la mira de la justicia

La exministra de Justicia Ángela María Buitrago dice que cuando existe una violación de derechos humanos “todos los que actuaron para que eso ocurriera son responsables”.

Buitrago, consultora de derechos humanos de la ONU y la CIDH, sostiene que, en particular, cuando existen delitos de lesa humanidad, debe responder “desde el Presidente de la República hasta la última persona implicada en un hecho de esa naturaleza, así sea militar, de la policía o civil”.

Y agrega que desde luego en las violaciones de derechos humanos de 2021 hay “responsables políticos”, que son “quienes tenían el control del aparato de poder”. Estas personas, asegura sin dar nombres, “deben ser investigadas para saber qué responsabilidades tienen, y eso significa que tanto la Fiscalía como los jueces podrán decidir, efectivamente, su grado de responsabilidad”.

En caso de que no actúe la justicia colombiana, agrega Buitrago, “podrá actuar la Corte Penal Internacional”, la CPI.

Este tribunal no ha dado un informe de apertura al caso contra Duque, en espera de que la justicia colombiana produzca resultados en los procesos contra los implicados en los hechos de represión.

El senador Iván Cepeda, quien promovió junto con un grupo de organizaciones humanitarias la demanda contra Duque en la CPI por crímenes de lesa humanidad, señala que el expresidente y su gobierno “son los responsables políticos de esos hechos”.

Duque, asegura, “era quien en ese momento tomaba las decisiones” junto con su ministro de Defensa, Diego Molano, en momentos en que la pandemia del covid-19 dificultaba las actividades del Congreso, que sesionaba de manera virtual, y el presidente “gobernaba con decretos con fuerza de ley”.

Asesinatos selectivos

El activista José Benito Garzón dice que un grupo de organismos de derechos humanos, entre ellos el Tribunal Popular de Siloé, estudia pedir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que impulse el caso ante la Corte Penal Internacional para que este tribunal haga lo que no han hecho la Fiscalía y las cortes colombianas.

Indica que, desde 2021, han sido asesinados 10 manifestantes procesados por presuntos delitos cometidos en el marco de las protestas. El primero de ellos fue John Carlos Ávila Bernal, ejecutado ese año, y el más reciente es el caso de Luis Fernando Lasprilla Balanta, asesinado en Palmira el 11 de julio pasado.

Ocho de los jóvenes han sido asesinados tras recobrar su libertad, y dos de ellos en prisión.

El Colectivo de Presos Político “Jhonatan Sabogal” ha llamado al presidente Gustavo Petro, a la fiscal Luz Adriana Camargo y a la ONU, a investigar esos homicidios, que son interpretados “como un mensaje de los represores de 2021” para intimidarlos.

Duque y el general Jorge Luis Vargas, director de la Policía Nacional en 2021, fueron contactados para conocer su versión sobre los hechos descritos en este reportaje, pero no dieron respuesta a las solicitudes.

El 21 de mayo pasado, el expresidente Duque pidió a la Corte Penal Internacional (CPI) actuar contra el dictador venezolano, Nicolás Maduro, y dijo que existen “evidencias contundentes” de los crímenes de lesa humanidad que ha cometido en su país.

Sólo tres meses después, el político ultraderechista apareció sonriente con Netanyahu, responsable del genocidio en Gaza y quien tiene una orden de captura de la CPI.

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