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Juliana Guerrero extendió su poder al Fondo Colombia en Paz, la entidad que administra millonarios recursos del Acuerdo de Paz. Composición Yamith Meriño.
Poder

Juliana Guerrero tocó Fondo: la joven imputada ahora mueve los hilos de la entidad encargada de financiar la paz

Juliana Guerrero extendió su poder al Fondo Colombia en Paz, la entidad que administra millonarios recursos del Acuerdo de Paz. Composición Yamith Meriño.

A tres meses de terminar el mandato de Petro, la mujer más poderosa del Gobierno no puede estar mejor acomodada a pesar de los escándalos. CAMBIO conoció testimonios que dan cuenta de cómo, desde hace semanas y en la sombra, Juliana Guerrero manda la parada en el Fondo Colombia en Paz. Durante esta investigación, este medio conoció una primicia sobre la directora, quien llegó al cargo de la mano de Guerrero.

Por: Mateo Muñoz, Rainiero Patiño M.

En el organigrama de ninguna entidad del Estado habría forma de ubicar a Juliana Guerrero y el rol que ha ejercido en varias carteras durante los últimos tres años: manda, pero en la sombra; ordena, sin un cargo oficial; habla a nombre del presidente sin ser servidora o funcionaria; hace contratar y despedir personas sin tener ninguna potestad. Todo mientras su imagen pública se deteriora y los líos judiciales la persiguen, como si estuviera muy cerca de tocar fondo. Y en los últimos meses sí que lo ha hecho, pero no precisamente como la antesala al final de su meteórica y precoz carrera, sino para tomar impulso y rebotar más alto desde una entidad diseñada para darle recursos a la paz.

Se trata del Fondo Colombia en Paz, que maneja recursos que ningún ministerio controla con la misma flexibilidad. Es, en la práctica, una caja con pocas ventanas hacia afuera. Y Juliana Guerrero ya sabe que quien controla este tipo de entidades no necesita hacer ruido para tener influencia.

Por ello, desde que llegó al Fondo, Guerrero ha reorientado prioridades y reestructurado equipos con personas de su círculo cercano. Todo esto sin que su nombre aparezca en ningún documento oficial.
Eso, en política, se llama poder real.

Modus operandi

Nadie daba crédito de lo que estaba viendo ese miércoles 18 de marzo sobre las 11:30 de la mañana. “¿Será ella?”, “La he visto en alguna parte”, fue lo que se comentó en el piso octavo de la Torre C del edificio World Trade Center en el norte de Bogotá. Los funcionarios de la Dirección Ejecutiva del Fondo Colombia en Paz se sorprendieron de sobremanera al ver a la ya célebre Juliana Guerrero llegar a la oficina 815 en donde están parte de las dependencias administrativas de la entidad y la sala de juntas.

Aunque horas atrás ya circulaba el rumor de que la nueva directora, Deyanira Guerra, era cercana a Guerrero, nadie pensó que fuera cierto, tanto que muchos funcionarios corrieron a sus buscadores de Google para comparar las fotos en los medios con el rostro que iba desfilando desafiante por la oficina.

“Apenas la vi, supe quién era. Yo estoy siempre pendiente de los medios y la reconocí, es difícil no tener en la mente su rostro. Ahí pensé: nos van a sacar a todos.”, le dijo a CAMBIO una fuente, quien pidió la reserva de su nombre por temor a represalias.

Al mismo tiempo que Juliana Guerrero entraba al Fondo, la directora Guerra llevaba casi dos horas reunida con el equipo directivo de la entidad. Los funcionarios le dieron la bienvenida y procedieron a iniciar con el empalme. Sin embargo, Guerra interrumpió abruptamente el encuentro, se levantó, recibió a la joven imputada por la Fiscalía por el caso del supuesto título falso y entraron en el despacho de la dirección.

Deyanira Guerra, quien llegó como directora al Fondo Colombia en Paz. Foto Cortesía.
Deyanira Guerra, quien llegó como directora al Fondo Colombia en Paz. Foto Cortesía.

“No entendíamos qué estaba pasando. Nunca habíamos visto a esa mujer y de un momento a otro entra, hace parar una reunión muy importante y se encierra con la nueva directora. Después nos enteramos de que llegó a tirar línea”, dijo una fuente, versión que fue confirmada por otras tres fuentes dentro del Fondo.

Todos coinciden en que desde ese entonces hasta hoy han sido relevados de su cargo más de diez funcionarios, todos de nivel directivo, de los casi 70 empleados que tiene la entidad. La mayoría de ellos llevaban cinco, seis y hasta siete años acumulando experiencia en la labor.

“Aquí han circulado listas de quiénes se van y quiénes llegan. Se nota la intención de apoderarse de esto más allá de traer gente a reforzar. Han sacado gente con años de experiencia”, dijo una fuente.

Un presupuesto billonario con poco control

Pero, ¿por qué fijarse en el Fondo Colombia en Paz? Se trata de un patrimonio autónomo adscrito al Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre). Su objetivo es gestionar y coordinar millonarios recursos para la implementación del Acuerdo de Paz. En otras palabras, recibe plata de otros fondos, entidades y organismos internacionales para financiar lo pactado en La Habana en 2016.

En los últimos diez años, el Fondo ha administrado recursos por más de 5,6 billones de pesos y en lo que va de 2026 se han firmado más de 1.000 contratos por un valor superior a los 215.000 millones. Un atractivo botín burocrático, regido por el derecho privado y que no suele estar en la lupa de los medios o veedurías ciudadanas.

De hecho, no es la primera vez que un fondo o patrimonio autónomo tiene la sombra de Juliana Guerrero. En agosto del año pasado, CAMBIO reveló un audio y fotografías que mostraban cómo la joven y su hermana Verónica llegaron a las oficinas del Fondo para la Superación de Brechas de Desigualdad (Fonigualdad) a detener la contratación e impartir órdenes sin ser funcionarias de esa entidad cuando Juan Carlos Florián, apenas tenía horas de ser designado como ministro.

Ambos casos no solo tienen en común la forma de proceder de las hermanas Guerrero, sino también en algunos nombres.

Un ajedrez regional

El primer director del Fondo en el Gobierno de Petro fue el nariñense Pablo Pardo Velasco, quien gerenció la campaña del mandatario en Nariño en 2022. Luego, en un giro burocrático, llegó Wilmer Leal Pérez, boyacense cercano al grupo político del gobernador, mandamás del Partido Verde y aliado del Gobierno, Carlos Amaya. Leal renunció en septiembre de 2025 para impulsar las campañas del ‘amayismo’ al Congreso.

Después de ahí, el Fondo tuvo algunos directores encargados hasta que el pasado 18 de marzo en una sesión virtual del Consejo Directivo de la entidad, Nohra Mondragón, directora del Dapre y presidenta de ese órgano administrativo, sorpresivamente pidió que en el orden del día se incluyera la renuncia de John Fredy Navarro, director encargado, y la socialización de la hoja de vida de Deyanira Guerra, su reemplazo.

El anuncio tomó fuera de lugar a casi todos los funcionarios que asistieron a la reunión, entre ellos a varios viceministros que estuvieron presentes en representación de las subcuentas del Fondo, así como otras voces de entidades relacionadas con la paz. El mensaje que se entregó fue que la orden de designar a Deyanira Guerra venía directamente del presidente Petro.

“Llamó mucho la atención que, a diferencia de cuando llegó Wilmer Leal, no se presentó una terna sino solo una designada, que era la doctora Guerra”, dijo una fuente que conoció de lo hablado en esa sesión.

A pesar de la extrañeza, Mondragón, quien también es cercana a Juliana Guerrero como lo contó CAMBIO hace unos meses, culminó la reunión con la salida de Navarro y la llegada de Deyanira Guerra. Menos de 24 horas después, la funcionaria entrante llegó a las oficinas del Fondo a aquella reunión de empalme interrumpida por la aparición de la joven del Cesar y egresada de la Fundación San José.

Al indagar por el nombre de Deyanira Guerra, economista y especialista en Gerencia Financiera, es innegable su vínculo con la excongresista cordobesa procesada por parapolítica Zulema Jattin.

La misma excongresista, sin embargo, le dijo a CAMBIO que conoce y tiene una relación de amistad con Guerra y su familia hace más de 30 años, pero que no tuvo nada que ver con su vinculación a un cargo en este Gobierno.

Guerra, al igual que Jattin, es oriunda del departamento de Córdoba y aunque no es referenciada como una líder política, su esposo Darío Oviedo es un reconocido aliado de la excongresista, a quien suele acompañar en sus campañas políticas, según le dijo a CAMBIO el asesor jurídico de una congresista del departamento.

Jorge Bustos (el primero de izquierda a derecha) con las hermanas Guerrero en un evento de jóvenes en diciembre pasado.
Jorge Bustos (el primero de izquierda a derecha) con las hermanas Guerrero en un evento de jóvenes en diciembre pasado.

Otro dato llamativo es que en Córdoba el clan Jattin ha venido haciendo política defendiendo el progresismo al estilo Petro y la continuidad del actual Gobierno. El grupo respaldó la campaña del hoy mandatario en 2022, siendo una de las adhesiones más polémicas que tuvo el petrismo en ese momento. “Mi voto personal será para Iván Cepeda, porque creo en las propuestas que realiza”, señaló la excongresista al ser consultada para esta nota.

De hecho, en los últimos tres años, el clan Jattin ha aparecido vinculado a algunas entidades como la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca. Por ello, algunas fuentes apuntan a que la llegada de Guerra fue un pacto burocrático en el que Juliana Guerrero ejerció como intermediaria. Una especie de acuerdo de repartición. Sin embargo, en respuesta a las versiones que señalan un posible acuerdo entre Guerrero y Jattin para algunas decisiones en el Fondo Colombia en Paz, la excongresista insistió en que “conoce a Guerrero solo por noticias de los medios de comunicación, pero no tiene ningún tipo de relación con ella ni nunca se han reunido”.

Más nombres cercanos a las Guerrero

Esta versión se apoya en otros nombramientos recientes hechos en el Fondo Colombia en Paz. Por ejemplo, el de Jorge Bustos, politólogo y secretario privado de esa entidad desde el pasado 25 de marzo. Bustos es cercano a Juliana y Verónica Guerrero, pues se conocieron en la tierra natal de los tres, Codazzi, Cesar, en la campaña de 2022. Los jóvenes apoyaron en diversas labores proselitistas la aspiración de Petro.

Luego, Bustos trabajó en el Ministerio de la Igualdad, más precisamente como enlace en la Región Caribe del programa Jóvenes en Paz. Su jefe era el viceministro de Juventudes, Pablo Mateo Zabala, quien fue muy cercano a Verónica Guerrero.

En un evento de diciembre pasado, Bustos se encontró con las hermanas y de ahí quedó esta foto.

Por otro lado, está el caso del nuevo jefe de despacho del Fondo Colombia en Paz, Obar Redondo Martínez, un joven oriundo de La Guajira que llegó al segundo cargo más importante de la entidad el pasado 30 de marzo. Como ha ocurrido en otros casos de personas recomendadas por Guerrero, Redondo no tiene mucha experiencia, solo en 2021 solicitó su tarjeta profesional como administrador de empresas y en 2025 recibió el título de especialista en gerencia pública.

El nombramiento de Redondo tomó por sorpresa, incluso, a algunos de los líderes actuales del Pacto Histórico en La Guajira, porque el nuevo jefe de despacho es hijo de Obar Redondo Pacheco, un empresario del servicio de ambulancias, quien ha sido reconocido históricamente como miembro del uribismo.

Una fuente política de Riohacha, que prefirió guardar su anonimato, le dijo a CAMBIO que el joven Redondo habría llegado al Fondo debido a “una estrecha relación con Verónica Guerrero”, la hermana de Juliana. Para tratar de conocer su opinión sobre el tema, CAMBIO contactó a Redondo a través de su número telefónico, pero, aunque inicialmente respondió los mensajes, al ser preguntado sobre su relación específica con las Guerrero dejó de responder.

Obar Redondo Martínez, jefe de despacho del Fondo Colombia en Paz. Foto Cortesía.
Obar Redondo Martínez, jefe de despacho del Fondo Colombia en Paz. Foto Cortesía.

Sobre el nombramiento del nuevo secretario privado del Fondo, CAMBIO le preguntó a Jorge Bustos, si conocía o tenía alguna relación con Juliana Guerrero o su hermana Verónica. El funcionario no lo negó ni lo confirmó, solo dijo que prefería abstenerse de responder. Luego se le preguntó si su llegada al cargo había sido a través de un concurso de méritos, un reconocimiento a su hoja de vida o por recomendación personal. Bustos colgó la llamada.

CAMBIO contactó a Guerra para conocer su versión, pero hasta el momento de la publicación de la nota, no hemos recibido respuesta.

Finalmente, mientras esta historia estaba siendo investigada, CAMBIO se encontró con una primicia: Deyanira Guerra renunció al cargo el pasado 10 de abril en horas de la mañana completando un fugaz paso que no superó los dos meses. Los motivos no son claros, pero fuentes en el Fondo Colombia en Paz indican que la funcionaria no se retiró por voluntad propia. Así, la entidad encargada de gestionar miles de millones a la atención de las víctimas y la implementación de la paz está hoy en un shock institucional mientras la mujer más poderosa de este Gobierno sigue jalando cuerdas para aprovechar su influencia antes de la llegada de un nuevo presidente.

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