
“Yo no voy a renunciar a mi candidatura”: Roy Barreras
Roy Barreras, candidato presidencial de centro
En entrevista con CAMBIO, el candidato presidencial dice que irá hasta la primera vuelta y descarta, por ahora, adherirse a la campaña de Iván Cepeda. Además, asegura que los autores de los atentados en Cauca y Valle hacen narcoterrorismo como Pablo Escobar. Exige denunciar ante las autoridades a quienes los conozcan porque, de lo contrario, serían “cómplices de crímenes”.
Por: Armando Neira
Roy Barreras es candidato presidencial como ganador de la consulta Frente por la Vida. Tiene una vasta experiencia en la búsqueda de salidas negociadas a las violencias armadas. En 2011 fue presidente de la Comisión de Paz del Senado, hizo parte de la delegación del Gobierno en los diálogos de paz con las Farc en Cuba durante el gobierno de Juan Manuel Santos y creó un partido para defender esa bandera: La Fuerza de la Paz. De elecciones, encuestas y de la escalada terrorista de los últimos días habló en esta entrevista.
CAMBIO: Acaban de salir un par de encuestas –Invamer y GAD3– sobre la carrera presidencial, en las que a usted le va muy mal. ¿Qué lectura hace de tener apenas un 0,5 por ciento en intención de voto?
Roy Barreras: Como saben los analistas, en un escenario de polarización extrema el centro desaparece. Todos los que hemos hecho a Colombia una propuesta de moderación –en mi caso progresista, pero moderada, similar a lo que han propuesto Claudia López o Sergio Fajardo desde la centroderecha– desaparecemos en una confrontación así.
CAMBIO: ¿Por qué?
R.B.: Cualquiera que en el centro trate de moderar la decisión política de la sociedad parece desaparecer en medio de los extremos, en medio de una polarización que en este caso es muy fuerte. Sin embargo, hay elementos adicionales para tener en cuenta: la elección no ha ocurrido, falta un mes y hay 5 millones de colombianos indecisos que no están tranquilos con los extremos y que podrían cambiar el escenario para intentar que Colombia tenga un gobierno equilibrado.
CAMBIO: ¿Por qué sería diferente?
R.B.: Porque cualquiera de los dos extremos que gane significaría, obviamente, una oposición feroz del otro lado, una división del país que impide, entre otras cosas, que las reformas puedan aprobarse y que haya un gobierno sólido que permita la reactivación de la economía para pagar la deuda social. En cualquier sociedad es deseable un gobierno que recoja a la totalidad de los colombianos y no solo a la mitad. Esa es nuestra prédica, ese es nuestro esfuerzo.
CAMBIO: Pero los números de las encuestas son los números…
R.B.: No me sorprenden los resultados porque han pasado muchas cosas. Antes de la elección del 8 de marzo, ¿recuerda que había encuestas que decían que mi competidor, el señor Daniel Quintero, me iba a triplicar? Y yo terminé ganando la consulta. Así que esperemos.
CAMBIO: Hay voces que le dicen en sus redes sociales que una decisión suya, más las de Claudia López, de Luis Gilberto Murillo, entre otros, forman la llave de estas elecciones. Y usted responde con otra pregunta: “escucho opiniones”. ¿Qué opiniones espera escuchar?
R.B.: Permanentemente estoy escuchando a los colombianos. He recorrido el país en los últimos meses, de punta a punta, desde Tumaco hasta La Guajira, desde el Chocó hasta el Guaviare, hablando con la gente en la calle, en las tiendas de barrio, en las esquinas y también a través de las redes. ¿Qué opinan? Porque aquí hay, por lo menos, dos posiciones.

CAMBIO: ¿Cuáles?
R.B.: Hay quienes opinan que el voto útil consiste en sumarse a uno de los extremos para garantizar su triunfo. Otros, por el contrario, creen que el voto útil en la primera vuelta es apoyar a quien sea capaz de equilibrar el país y unirlo. Creo que aún tenemos tiempo para seguir escuchando a los colombianos y tomar decisiones útiles para la democracia.
CAMBIO: ¿Y usted qué quisiera?
R.B.: Para el futuro de Colombia, lo que no quisiera –y estoy seguro de que usted tampoco– son cuatro años perdidos por la división y la polarización. Es indeseable esa pugnacidad, esa cadena de odio y de rabia. Creo que hay que tener un gobierno para todos los colombianos. Cuando posesioné al presidente Petro hace cuatro años, dije que ese gobierno debía ser para todos los 53 millones de colombianos.
CAMBIO: ¿Siente que así fue?
R.B.: No fue así, precisamente por la polarización. Y no quisiera otros cuatro años de división. Hay que avanzar en las reformas sociales, claro. La gente tiene derecho a progresar en un país que sigue siendo uno de los más desiguales del mundo, pero también quiere orden, estabilidad y seguridad, más ahora que los grupos terroristas están intimidando a la población y matando inocentes, como no se veía desde las épocas de Pablo Escobar.
CAMBIO: ¿Qué impresión tiene de los atentados terroristas de los últimos días?
R.B.: Lo ocurrido en el Pacífico, en el Valle, en el Cauca –20 personas inocentes asesinadas con una bomba en la carretera– no se veía desde la época de Pablo Escobar. Eso no es un conflicto ni una guerra: son asesinatos viles, crímenes de lesa humanidad cometidos por organizaciones narcotraficantes que deben ser sometidas por el Estado. Y esa decisión no debería ser objeto de campaña, sino un compromiso de cualquier aspirante a gobernar Colombia.
CAMBIO: Antes de profundizar en ese tema, vamos a las encuestas. Una, la de Invamer, dice que Iván Cepeda tiene el 44,3 por ciento, Abelardo 21,5 por ciento y Paloma 19,8 por ciento. Es decir, Cepeda siempre, según esta encuesta, está a 7 puntos de ganar las elecciones en primera vuelta. Si se suman los votos de todas las personas de centro, los progresistas –es decir, usted, Claudia, Murillo, Lizcano–, él gana las elecciones en primera vuelta. En su caso, ¿usted no ha pensado en adherir a Cepeda?
R.B.: La segunda vuelta no ha ocurrido y la primera tampoco. Creo que hay que esperar a que ocurran más hechos políticos, pero además hay que esperar a que los ciudadanos se expresen.
CAMBIO: ¿Tampoco ha pensado en retirarse?
R.B.: El camino más fácil es retirarse, renunciar, abandonar las ideas, condenar a Colombia al extremismo y a la polarización, pensar que no hay nada que hacer, que todo está perdido. Yo no me resigno a que el país se divida y mi tarea siempre será unir, sanar, tender puentes. Esa tarea aún no ha concluido.

CAMBIO: Usted es lo que se llama un animal político, que conoce como pocos este país. ¿Por qué cree que, al menos en la intención de voto, usted no tiene el respaldo que ha buscado?
R. B.: Nosotros sacamos en mi partido 400.000 votos en la elección del 8 de marzo. A pesar de la prohibición de votar por mí, el país político sabe que el presidente Petro descalificó la consulta de centroizquierda en la que participamos. Y, a pesar de la prohibición, la consulta sacó 600.000 votos. Yo personalmente obtuve cerca de 270.000 votos. Y, por supuesto, esos miles de colombianos tienen derecho a expresar su opinión y a ser representados. Nosotros nos contamos y ganamos esa consulta.
CAMBIO: Con una votación muy baja…
R.B.: Pero, para ponérselo en términos simples: yo soy un buen nadador, pero he estado nadando en la piscina progresista, en lo que la gente conoce como el petrismo. Simplemente, el presidente le quitó el agua a la piscina. Un buen nadador sin agua no logra ganar. Pero esas son aguas pasadas; creo que eso no pasa de ser una anécdota. Lo que importa es el futuro de los colombianos.
CAMBIO: ¿Y cómo pinta ese futuro?
R.B.: Cada ciudadano tiene el poder de unir el país, de garantizar un gobierno moderado, de expertos con experiencia. La elección no ha ocurrido. Yo sé que hay mucho afán de los analistas, que quisieran que la elección fuera esta noche y que la gente diera por sentado el resultado, pero eso no es así.
CAMBIO: ¿Hay que dudar de las encuestas?
R.B.: Hace cuatro años, las encuestas para estos días mostraban que quien pasaba a segunda vuelta era el señor Federico Gutiérrez, y ya sabemos lo que ocurrió. En 30 días pueden cambiar muchas cosas.
CAMBIO: Usted le puso la banda presidencial al presidente Petro. ¿Cómo se siente, desde el punto de vista humano, que él le haya quitado el agua de la piscina para no dejarlo nadar?
R.B.: Muy tranquilo, yo lo comprendo. Él es un hombre de izquierda; yo no soy de izquierda, soy un hombre progresista de centro liberal. En esa condición lo acompañé hace cuatro años. Ni más faltaba: él tiene derecho a sentir que hay una identificación ideológica más auténtica con Iván Cepeda, que además es mi amigo personal. Con Iván, durante 15 años hemos trabajado juntos en los derechos de las víctimas, la lucha por la verdad y por la paz. A mí me parece bien, siempre y cuando logremos darle a Colombia no solo una oportunidad de avanzar en el camino de la justicia social y la inclusión, sino también de estabilidad.

CAMBIO: ¿Qué le preocupa?
R.B.: A mí lo único que me preocupa es que, como le dije hace un momento, un gobierno que enfrente una oposición feroz y no pueda construir puentes y equilibrios puede terminar echándose a perder. No queremos cuatro años de división, sino de unidad.
CAMBIO: El presidente Petro además nombró a Daniel Quintero en la Superintendencia Nacional de Salud, y él naturalmente no puede apoyarlo, porque la ley lo obligaría a acompañar su candidatura. Entonces usted quedó como huérfano…
R.B.: No, no, ni más faltaba. Daniel Quintero no es mi padre ni el suyo. ¿Qué tal sentirse huérfano por eso? Me parece un ejemplo terrible. ¡Dios me libre! Tampoco políticamente: él no fue mi padre ni mi hermano; fue mi competidor. Intentó derrotarme y no lo logró. Las decisiones sobre a qué funcionario nombrar son asunto del presidente.
CAMBIO: Pero él por ley debería apoyarlo; ahora está impedido…
R.B.: He dicho que en la crisis de salud que vive Colombia, donde la gente no siente quién la protege, se necesitan expertos en esas posiciones. Creo que el exalcalde Quintero no lo es, pero yo no soy quien lo ha nombrado; esa es una pregunta para el presidente.
CAMBIO: Usted es médico de profesión. En esa condición, ¿cómo ve que llegue una persona, en medio de semejante crisis, a un cargo tan clave sin experiencia en el sector?
R.B.: Pues acabo de darle mi opinión: en ese, como en todos los cargos sensibles del Estado, se necesita experiencia.
CAMBIO: Ahora sí, volviendo al tema del orden público: ¿cómo evalúa los atentados de Iván Mordisco? Para usted, que hizo tanto esfuerzo para firmar un acuerdo con las Farc, ¿cómo ve esa situación?
R.B.: Dije al principio de esta conversación que, para poner un ejemplo trágico, los asesinatos viles en la carretera Panamericana, en el Cauca, en los últimos días –con esa bomba–, no son un conflicto armado ni una guerra ni muertes en combate. Son crímenes atroces, de lesa humanidad, cometidos por narcoterroristas salvajes.
CAMBIO: ¿Cómo responder?
R.B.: Cualquiera que sea el gobierno, debe tener claro que a quienes son capaces de asesinar civiles inocentes de esa manera hay que someterlos con la fuerza legítima del Estado. Para eso están los gobiernos: para proteger la vida y controlar el territorio. No hay disculpa ni consideración distinta. Esto debería ser un consenso de todos los que aspiramos a gobernar; no debería estar en la discusión proselitista.
CAMBIO: ¿Qué más se podría hacer, además de condenar este hecho?
R B.: Creo que la acción salvaje de estas personas merece todo el rechazo y toda la acción del Estado, pero también un llamado a la sociedad civil. A veces la sociedad cierra los ojos o guarda silencio, y el silencio es cómplice. Si hay personas con capacidad de influir en esos territorios, con alguna jerarquía política, y callan o no colaboran con las autoridades –o peor aún, si tienen nexos con esas organizaciones–, deben saber que son cómplices de esos asesinatos. Son cómplices de crímenes. No puede haber ninguna consideración con quienes son capaces de asesinar de manera tan cruel a inocentes, como ocurrió en el Cauca y en el Valle. La sociedad colombiana, saturada por la violencia, reclama toda la fuerza legítima del Estado.
CAMBIO: Usted los compara con Pablo Escobar...
R.B.: Desde las épocas del narcoterrorismo de Pablo Escobar no veíamos bombas contra civiles puestas de manera indiscriminada. Eso es atroz. Y reitero: eso no es un conflicto armado ni una guerra de guerrillas. No es un asunto que pueda manejarse con justicia transicional ni con diálogos de paz, sino con toda la fuerza del Estado para someter a los criminales. Claro que podemos hacerlo, pero se necesita prioridad por parte del Gobierno macional.
CAMBIO: ¿Sea quien sea el próximo presidente de Colombia?
R.B.: Todavía no ha habido elecciones; estamos en abril. Hay un Gobierno, y este Gobierno tiene que reaccionar con toda contundencia.
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