
¿Quién es Abelardo de la Espriella? Por Felipe López Caballero
"Un posible gobierno de Abelardo, sin embargo, tendría algo de salto al vacío. De su programa no se puede concluir nada concreto", escribe Felipe López Caballero en este perfil.
Abelardo de la Espriella parecía un tigre de papel: un abogado excéntrico, rodeado de clientes incómodos y excesos de millonario tropical. Sin embargo, convirtió el rechazo de las élites políticas en combustible para reinventarse como 'outsider' y terminó demostrando que, detrás del personaje, tenía garras de verdad. ¿Quién es este hombre que pasó de ser motivo de burla a convertirse en un fenómeno político que ya nadie se atreve a subestimar?
Abelardo de la Espriella tiene que ser un genio en algo, pero no es fácil saber en qué. Sin vivir en el país, sin haber tenido un cargo público, sin partidos políticos, sin financiación de terceros y con una leyenda negra a cuestas, hoy tiene posibilidades de ser el próximo presidente de Colombia.
Su candidatura inicialmente fue considerada un chiste. Hasta ese momento, De la Espriella proyectaba dos imágenes diferentes. Por un lado, la del controvertido y exitoso abogado defensor de casos polémicos, y por el otro la del millonario exótico, con avión privado y sombrero fedora, que aparecía en las redes cantando ópera, mostrando su reloj Patek Philippe de 80.000 dólares y saboreando un whisky Macallan de 21 años. Había algo de exhibicionista y payaso en su personalidad que hacía difícil tomar su aspiración en serio.
El que sí la tomaba en serio era él. Durante dos años preparó su candidatura milimétricamente. Como es un hombre ejecutivo y metódico, trazó un mapa de ruta con cada una de las etapas que debía surtir para ser viable. Preparó un presupuesto de campaña, estudió los algoritmos de su imagen en las redes sociales y conformó un equipo muy profesional. Aún así, los amigos que creían que tenía posibilidades de ser presidente se contaban con los dedos de la mano.

Lo que sucedió después no lo esperaba nadie. Abelardo De la Espriella resultó ser un fenómeno político extraordinario. Es muy inteligente, tiene una gran agilidad mental y contesta todo. Proyecta una carismática personalidad caribe combinada con la imagen de un hombre de autoridad y resultados. Su discurso de mano dura, menos impuestos y reducción drástica del Estado aterra a la izquierda y le fascina a la derecha.
En cierta forma es un gran actor. Su capacidad oratoria apela a las emociones pero no a las soluciones. Compensa su falta de experiencia con un mensaje populista de derecha muy efectivo: Las fórmulas para resolver los problemas ya se saben. Lo que ha faltado es una persona con los cojones para ponerlas en práctica. Esa frase machista , empaquetada con la imagen del tigre y el saludo militar, le permitió en seis meses quitarles las banderas a Maria Fernanda Cabal y los votos a Vicky Dávila.
La campaña de El Tigre ha tenido muchos aciertos y pocos errores. Su habilidad es tal que cuando los partidos políticos le cerraron las puertas para apoyar a Paloma, presentó esa situación como si él los hubiera rechazado. Su grito de independencia frente a la política tradicional se convirtió en un activo electoral en su búsqueda para posicionarse como el único outsider.

A propósito de outsiders, los referentes de El Tigre son los héroes de la derecha en este momento: Bukele y Milei. Admira las cárceles del primero y la motosierra del segundo. Él se compara con ellos pero hay una diferencia. Bukele tenía experiencia ejecutiva, como exalcalde de San Salvador. Y Milei se había fogueado en el legislativo como congresista por Buenos Aires. Abelardo en esos dos frentes está en cero. En realidad el único fenómeno comparable a él es Donald Trump: el magnate paracaidista que cambió las reglas del juego y pateó el tablero.
En una campaña en la que la mitad de los candidatos competían por cual tenía el origen más humilde, De la Espriella optó por la estrategia opuesta: la del millonario triunfador. Cambió la “pornomiseria” por lo aspiracional. Tiene avión, mansión en Miami, villa espectacular en la Toscana y obras de arte en las paredes. Al parecer esos lujos hacen sentir a su fanaticada que en Colombia todavía hay posibilidades de llegar a ser como él.
Esa envidiable vida de sibarita italocosteño tiene algo de paradójico. La Silla Vacía publicó un artículo demostrando que prácticamente ninguna de las empresas de De la Espriella ha dado utilidad. Sumados, ni la marca de ropa, ni los vinos, ni el ron, ni sus libros, darían para comprar una camioneta Toyota blindada. Y de esas, tiene muchas para los guardaespaldas que siempre lo acompañan.
Pero que es millonario, no hay duda. Es el único abogado en Colombia con avión privado. También el único candidato que puede darse el lujo de no recibir plata de terceros. El verdadero origen de su fortuna es su firma de abogados. Él mismo reconoce que sus servicios son muy caros. En las publicaciones en que se hace referencia a sus honorarios la cifra de un millón de dólares es vista como una tarifa usual. Y cuando se especula sobre cuánto le cobró a Alex Saab, ese millón parece la propina.

De la Espriella es un candidato disruptivo y sin filtro. Los excesos son parte integral de su personalidad. A sus contradictores no busca derrotarlos sino humillarlos. Él insulta, amedrenta y amenaza. Para él, la izquierda “es una “plaga” que hay que “destripar”. Petro es “el jefe de la mafia”; “Santos debería terminar en la cárcel”; “a los delincuentes hay que darles plomo corrido”; los indígenas revoltosos “van a saber lo duro que muerde El Tigre”. Ese sesgo autoritario en un país tan polarizado no es un buen augurio.
Llegar a donde llegó Abelardo no ha sido fácil. En el camino ha encontrado dos grandes obstáculos: la leyenda negra que le atribuyen sus detractores y el reciente antagonismo del expresidente Álvaro Uribe. Lo primero es reputacional y lo segundo personal. Por las inevitables fricciones de la contienda, la relación entre El Tigre y el papá de La Paloma ha tenido una evolución inesperada. En esta campaña Abelardo ha estado primero con Uribe, luego sin Uribe y ahora contra Uribe.
Todo comenzó cuando lanzó lista propia al Congreso con el Movimiento Salvación Nacional de Enrique Gómez. Eso le costó al Centro Democrático cuatro senadores. Luego hubo guerra sucia en redes sociales de ambos lados. Juan Carlos Pastrana -casado con la hermana de Paloma- y los hijos de Uribe, lanzaban dardos contra Abelardo. Él, por su parte, elogiaba siempre a Uribe en público pero sus ejércitos digitales le daban palo al palomar.
La mayor ofensa fue una cuña de El Tigre hecha con inteligencia artificial donde aparecía Uribe compartiendo mesa con su eterno enemigo Juan Manuel Santos y, como si fuera poco, en un grupo denominado “Los de siempre”. Eso indignó tanto al expresidente, que llegó a afirmar que esos ataques ponían en peligro la victoria de la causa, con lo cual insinuaba que si Cepeda ganaba la culpa sería de Abelardo.
No obstante, al final van a terminar todos montados en la misma tarima. Para atajar a Cepeda será necesario hacer un gran show de unidad. Sin embargo, las heridas quedaron abiertas y la cargada de maleta prometida va a ser menos entusiasta de lo anticipado. Porque así como todos los abelardistas votarían por Paloma, no todos los palomistas votarían por Abelardo. De por sí, de los ocho acompañantes de Paloma en La Gran Consulta, siete han insinuado que no votarían por El Tigre (Oviedo, Peñalosa, Cardenas, Vicky, Luna, Galán y Aníbal Gaviria).

Para Abelardo, el tsunami de acusaciones que le han caído ha sido más grave que el distanciamiento con el expresidente. Prácticamente no ha pasado una semana sin que alguno de sus enemigos lo acuse de algo escandaloso. De la Espriella Lawyers es una de las firmas más exitosas del país y la más controvertida. Entre sus clientes se encuentran expresidentes, millonarios, señoras de sociedad, celebridades, delincuentes de cuello blanco, políticos, paramilitares, narcotraficantes y sobre todo Alex Saab, el testaferro de Maduro.
Aunque muchos abogados de renombre no aceptarían defender paramilitares y narcotraficantes, eso es lícito en el ejercicio del derecho penal. Como dice el aforismo, el único penalista que solo defiende inocentes es Perry Mason. Por esto, la controversia no surge tanto alrededor del prontuario de algunos de sus clientes, sino de lo que hizo por ellos y lo que ellos dicen de él.
La carrera meteórica de De la Espriella comenzó como abogado de los paramilitares en Santa Fe de Ralito cuando tenía apenas 23 años. A Mancuso y su gente les pareció que el niño prodigio era el mejor intermediario en el proceso de desmovilización que negociaban con el entonces ministro del Interior, Sabas Pretelt, muy cercano a Abelardo. Quedaron tan impresionados con su desempeño que de ahí nació una relación profesional duradera.

Sobre ese ejercicio profesional se ha dicho de todo en esta campaña. Los bandidos navegan en aguas turbias donde puede haber sobornos, tráfico de influencias, compra de congresistas, magistrados, pagos en efectivo en maletas, etc. Y varios de los clientes de De la Espriella Lawyers son tiburones de altamar.
Alrededor de Abelardo han surgido controversias, además de Alex Saab y Mancuso, con nombres como lo de David Murcia, Boliche, Macaco, el Mono Abello, Papá Pitufo, el Tuso Sierra, Peñarredonda, entre otros. Lo curioso es que la mitad de ellos lo defiende y la otra mitad lo acusa de haberlos tumbado. Él refuta ese cargo aclarando que si bien los abogados no siempre ganan los pleitos, siempre tienen derecho a cobrar sus honorarios.
Dada la cantidad y la gravedad de las denuncias que le han lanzado, no deja de sorprender el teflón del candidato. Su campaña sigue creciendo en medio de la tormenta. Él se defiende asegurando que nunca ha existido una sentencia o sanción judicial sobre su actividad profesional. Otro argumento es que tiene la nacionalidad americana, lo cual no sería posible si el gobierno de Estados Unidos creyera alguno de los cuestionamientos en su contra.

De la Espriella está tan integrado a la vida de la Florida, que fue uno de los pocos invitados a la posesión de Marco Rubio como secretario de Estado. Además ha sido contribuyente del Partido Republicano con una donación de 95.000 dólares. De estos, según La Silla Vacía, 92.000 fueron para la campaña al Congreso de la famosa periodista María Elvira Salazar, quien reitera una y otra vez su admiración y amistad con el colombiano.
Más allá de los odios o amores que despierta, El Tigre sigue rugiendo. No solo ha frenteado el embate implacable de sus detractores, sino también el de la poderosa maquinaria del Centro Democrático. Cuando después de la Gran Consulta el binomio Paloma-Oviedo despegó con gran fuerza, se anticipaba que el crecimiento de ellos iba a ser a costa de los uribistas que apoyaban a Abelardo. Eso no pasó. Aunque Paloma casi cuadriplicó su votación, De la Espriella logró mantenerse sin caer en las encuestas.
Su fortaleza electoral obedece a dos factores: El fervor de sus seguidores y el miedo a Iván Cepeda. Lo segundo pesa tanto o más que lo primero. A medida que se acerca la primera vuelta, crece la incertidumbre sobre el prometido Acuerdo Nacional. En el programa de Cepeda queda claro que si en esa mesa no se aprueban las reformas que el Congreso no le pasó a Petro, se activará al “poder constituyente”.

Aunque el aspirante de la izquierda aclara que no piensa actuar por fuera de la Constitución, su plan de gobierno tiene frases como “vamos a radicalizar la reforma agraria” o “vamos a redistribuir estructuralmente la riqueza”. Eso a los empresarios les huele a inseguridad jurídica sobre la propiedad privada. Mientras no se defina el alcance de esas propuestas, Cepeda le estará haciendo la campaña a Abelardo.
Un posible gobierno de Abelardo, sin embargo, tendría algo de salto al vacío. De su programa no se puede concluir nada concreto. Él es un mago para saber lo que quiere oír su audiencia, pero comunicar no es lo mismo que solucionar. Es evidente que tiene carácter y talento pero no hoja de vida presidencial. Al respecto, tranquiliza su compromiso de que, como él no tiene problemas de autoestima, buscará rodearse de gente mejor que él. La selección del vicepresidente, José Manuel Restrepo, es una buena señal en esa dirección.
Todo lo anterior hace concluir que El Tigre no es de papel. Abelardo ha dicho muchas veces que desde que era niño le gustaba sorprender. En esta campaña sin duda lo ha logrado. Cuando apareció de repente en el panorama político fue blanco de burlas. Después se llegó a decir que era simplemente un fenómeno de redes. Eso cambió cuando llenó el Movistar Arena de Bogotá, una hazaña que impresionó. De ahí en adelante, tanto sus amigos como sus enemigos lo están tomando muy en serio.
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