
Estudio alerta sobre consecuencias del consumo de tusi a la salud física y emocional: ¿cómo se expande entre los jóvenes?
La investigación reveló que, aunque la mayoría de jóvenes reconoce los riesgos graves asociados al tusi, su consumo sigue en aumento. Échele Cabeza advirtió sobre la presencia de medicamentos psicotrópicos que podrían generar un mayor nivel de dependencia.
Por: Jonathan Beltrán
A simple vista, el color rosado del tusi y su fama de “droga fina” sugieren un consumo controlado, aparentemente inofensivo. Pero la cocaína rosada comercializada en Colombia, más que una sustancia recreativa de bajo riesgo, se ha convertido en algunos casos en una mezcla impredecible y peligrosa con complejas consecuencias físicas y emocionales.
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Un reciente estudio de la Universidad Nacional reveló que los jóvenes han encontrado en el mercado sustancias creadas con una mezcla de drogas, fármacos, colorantes y hasta leche en polvo. La combinación de elementos, manipulados en laboratorios clandestinos, se deriva en un polvo de composición incierta que puede provocar daños irreversibles para los consumidores.
La investigación realizada en Bogotá permitió establecer que un 67 por ciento de los consumidores de tusi reconoce que el uso frecuente y sin control de la sustancia implica altos riesgos para la salud. Sin embargo, pese a conocer las consecuencias de su inhalación y a la falta de certeza sobre su proceso de producción, su consumo continúa en aumento.

Luis Fernando Concha, magíster en Toxicología y coordinador del estudio, explicó que una gran parte de los consultados también reconocieron prácticas riesgosas asociadas al consumo del tusi. En ese sentido, alertó sobre los riesgos provocados por conducir, mantener relaciones sexuales o participar en actos que comprometen la seguridad bajo los efectos de la droga.
“Estamos ante una sustancia que no tiene una identidad fija, por lo que es imposible anticipar sus efectos en el cuerpo, lo que dificulta tanto el diagnóstico como el tratamiento en casos de urgencia médica”, explicó el también psiquiatra al referirse a la alta variabilidad química del tusi y a la incertidumbre que genera su consumo en los servicios de salud.
Tusi: una droga sin identidad fija y de alto riesgo
En 2013, el Sistema de Alertas Tempranas recibió por primera vez un reporte oficial sobre la aparición en el mercado local de una sustancia conocida como tusi, tusibi o cocaína rosada. Las tonalidades características de la droga y su presentación llamativa reforzaron la idea de que se trataba de un psicodélico exclusivo y de alta calidad, cuando en realidad correspondía a una mezcla variable.

El proyecto Échele Cabeza, que difunde información para reducir riesgos del consumo de sustancias psicoactivas, advierte que uno de los riesgos del tusi corresponde a que el coctel de sustancias varía de acuerdo con el encargado de su producción. Sin embargo, en los análisis realizados de las dosis comercializadas en el país se ha logrado establecer la prevalencia de MDMA, ketamina y cafeína.
El reciente estudio de la Universidad Nacional reveló que el gramo de la sustancia es comercializado en ciudades como Bogotá, Cali, Medellín y Pereira a 20.000 pesos. Según la investigación, el riesgo de su consumo continuo se debe a la mezcla de estimulantes, anestésicos y medicamentos variables que dificultan anticiparse de forma efectiva a sus efectos en el organismo.

El coordinador del estudio advirtió que el consumo del tusi está aumentando entre los jóvenes del país debido a factores como falta de información confiable sobre su composición y la percepción errónea de “droga de clase alta”. Además, la creciente popularidad en círculos sociales también ha contribuido a normalizar su uso en espacios nocturnos.
Échele Cabeza, por su parte, ha reiterado que la duración del efecto de la cocaína rosada sobre los consumidores depende de la vía de administración y de las sustancias que componen cada dosis. En ese sentido, la plataforma advierte que el uso de esa sustancia vía nasal representa una reacción mucho más intensa a nivel físico y psicológico.
El tusi y el desafío de la salud pública en Colombia
El Observatorio de Drogas del Ministerio de Justicia ha identificado en la composición del tusi comercializado en las principales ciudades del país componentes como oxicodona, tramadol, clonazepam y cocaína. Para la cartera, el análisis químico de cada sustancia resulta clave para adoptar decisiones y construir una nueva política en materia de droga.

Échele Cabeza plantea que entre los efectos indeseados del consumo de tusi se encuentran síntomas como náuseas, dolor de cabeza, sangrado nasal y estados de ansiedad o pánico. Para reducir esos riesgos, explica la organización, resulta clave conocer la dosis, la forma en que se consume, los componentes presentes y el estado físico y emocional del consumidor.
Luis Fernando Concha, magíster en Toxicología, explicó que el estudio realizado por la Universidad Nacional permite concluir que el fenómeno del consumo de tusi requiere implementar un enfoque integral que promueve una cultura de cuidado y responsabilidad. En ese sentido, enfatizó en que las medidas para atender los riesgos asociados deben abordar factores sociales, económicos y culturales.

El coordinador de la investigación destacó que las estrategias de prevención requieren de un análisis detallado que permita eliminar creencias erróneas sobre la composición del tusi y la percepción distorsionado de droga segura o asociada a un estatus de clase alta. Asimismo, recomendó fortalecer los sistemas de alerta temprana para responder a nuevos patrones de consumo entre jóvenes.
Uno de los puntos clave de la investigación corresponde a que los jóvenes consultados confirmaron el consumo simultáneo con otras sustancias como marihuana, alcohol, cocaína y alucinógenos. La mayoría de los consumidores indicó que suele inhalar la sustancia en discotecas, y relacionó su uso con motivaciones como mejorar el estado de ánimo, facilitar la interacción social y evadir problemas personales.
El tratamiento médico se dificulta por la alta variabilidad de la composición química de las dosis vendidas en las principales ciudades del país. El estudio encontró que, ante la dificultad para acceder a pruebas rápidas, en algunos casos se presentan síntomas como taquicardias, fiebre alta, hipertensión, crisis psicóticas, disociación y convulsiones.
“No existe una pastilla que elimine la adicción. Lo que hay son modelos psicoterapéuticos que buscan entender la motivación del paciente y trabajar desde ahí”, explicó el coordinador de la investigación, quien advirtió que la cantidad inhalada entre los consultados llega en algunos casos hasta los 10 gramos y una gran parte de los participantes ha consumido esa droga durante periodos que oscilan entre tres meses y siete años.
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