
“Ansiedad y duelo ambiguo”: las cicatrices psicológicas invisibles en las familias de los secuestrados
Entre las exigencias del secuestrador, la ausencia del ser querido y la esperanza del reencuentro, los familiares de quienes han sido secuestrados viven con la presión de intentar mantener una 'rutina' en medio del dolor. ¿Cuál es el impacto psicológico que deja esta experiencia? CAMBIO habló con una experta.
Por: Manuela Cardozo
Las víctimas del secuestro no solo son quienes son retenidos en contra de su voluntad; los seres queridos que se quedan esperando también sufren gran parte de los vejámenes en contra de la salud mental asociados a este crimen tan presente en la historia del conflicto armado en Colombia. El miedo, la incertidumbre y la ansiedad se pueden convertir en un fantasma que acompaña a las víctimas, aún después de una liberación.

El peso anímico de esta experiencia también recae en los seres queridos de las víctimas. Como lo dice la Comisión de la Verdad, el aislamiento que provoca el secuestro no solo afecta a la víctima, sino también a su familia y a todos aquellos que se enfrentan a la angustia que causa, y los parientes viven con una ansiedad constante, provocada por llamadas intimidantes y prohibiciones por parte de los secuestradores de informar a las autoridades. Todas estas son estrategias de los victimarios para responsabilizar a los seres queridos del destino de la víctima: “Cientos de colombianos asumieron injustamente el deber de salvar la vida de su familiar”.
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