
¿Supresión del dengue mediante mosquitos infectados con una bacteria?
El científico Pedro Romero explica para CAMBIO cómo la transmisión del peligroso dengue, que infecta a más de 14 millones de personas, puede reducirse mediante la implantación de la bacteria Wolbachia en las poblaciones urbanas de mosquitos transmisores, el ‘Aedes aegypti’ y el ’Aedes albopictus’, hasta lograr que la mayoría quede colonizada y pierda su capacidad de albergar el virus.
Por: Pedro Romero
La ‘fiebre quebrantahuesos’, como se le conoce popularmente al dengue, sigue siendo una enfermedad devastadora: infecta a más de 14 millones de personas y causa más de 12.000 muertes al año.
Con el cambio climático y la globalización, el área de distribución de los mosquitos transmisores —Aedes aegypti y Aedes albopictus— continúa expandiéndose y pone, así, a un número creciente de personas en riesgo. Y aunque las vacunas han mejorado, aún no están listas para su uso masivo en la mayoría de las poblaciones vulnerables.
Entonces surge una idea provocadora: ¿y si prevenimos la infección directamente en los mosquitos?
Durante décadas, el control de estos vectores se ha basado en insecticidas. Sin embargo, la resistencia ha aumentado y los efectos ambientales son cada vez más preocupantes.
En este contexto, ha cobrado fuerza una alternativa biológica basada en bacterias intracelulares del género Wolbachia.
La relación entre Wolbachia y su hospedador es simbiótica: la bacteria obtiene un entorno intracelular estable y rico en nutrientes, mientras que, a cambio, puede proteger al insecto frente a diversos patógenos. En particular, se ha demostrado que puede bloquear la replicación de virus causantes de enfermedades como el dengue, el zika o el chikunguña.
En el corazón de Guayabal, en Medellín, una biofábrica de escala industrial produce semanalmente más de 30 millones de mosquitos Aedes aegypti. No son mosquitos comunes: han sido infectados con Wolbachia, en una suerte de ‘hackeo’ biológico, que impide que el virus del dengue se replique en su interior.
Aunque Wolbachia está presente de forma natural en cerca de la mitad de las especies de artrópodos —incluyendo moscas, mariposas y libélulas— no se encuentra en Aedes ni en Anopheles (el mosquito que transmite los plasmodios, causantes de las fiebres maláricas_)_. De ahí la idea: introducirla artificialmente en los mosquitos transmisores. Una vez establecida, la bacteria se transmite de generación en generación a través de los huevos, hasta que la mayoría de la población queda colonizada y pierde su capacidad de transmitir el virus.
Esta estrategia de reemplazo poblacional —en la que los mosquitos ‘modificados’ liberados en grandes cantidades en los centros urbanos desplazan progresivamente a los silvestres— fue presentada como una solución casi definitiva en el Valle de Aburrá durante los últimos años.
Del entusiasmo inicial a la complejidad biológica
Los primeros resultados fueron extraordinarios. Informes del World Mosquito Program y del grupo PECET de la Universidad de Antioquia reportaron reducciones superiores al 90 por ciento en la incidencia del dengue en ciudades como Medellín, Bello e Itagüí.
Pero la biología rara vez es tan simple.
Estudios posteriores mostraron una realidad más heterogénea: la presencia de Wolbachia no era uniforme. En algunos barrios, su prevalencia había caído hasta un 30 por ciento, generando ‘islas’ de protección rodeadas por poblaciones de mosquitos aún capaces de transmitir el virus. Factores como la geografía, el clima y la dinámica evolutiva del propio insecto parecen limitar la estabilidad de esta estrategia.
La lección de Singapur: ¿reemplazar o suprimir?
Mientras en Colombia se apuesta por el reemplazo, en Singapur se ha explorado una estrategia distinta: la supresión poblacional.
Un estudio reciente publicado en The New England Journal of Medicine (26 de marzo de 2026) se basa en otra propiedad clave: cuando machos infectados con Wolbachia se aparean con hembras no infectadas, no se produce descendencia viable. Aprovechando este fenómeno, los investigadores liberaron machos infectados en varios barrios y compararon los resultados con zonas de control.
El efecto fue contundente: no solo disminuyó la población de mosquitos, sino que las infecciones humanas por dengue se redujeron en más del 70 por ciento.
Una intervención en construcción
La historia del control del dengue mediante Wolbachia ya no es la de una solución única, sino la de una estrategia en evolución. El éxito depende del contexto: no es lo mismo un barrio densamente urbanizado que una ladera ventilada.
La ‘fábrica de Medellín’ sigue siendo un referente global, pero la evidencia sugiere que Wolbachia por sí sola no basta. El futuro probablemente pase por enfoques híbridos: combinar el reemplazo poblacional con estrategias de supresión, junto con el despliegue progresivo de vacunas.
Aunque estas intervenciones implican costos iniciales más elevados —debido a la necesidad de liberaciones sostenidas, separación por sexo e incluso irradiación de mosquitos antes de su liberación— tienen el potencial de ser costo-efectivas a largo plazo.
Más allá del enfoque específico, el mensaje es claro: Wolbachia puede reducir de forma significativa la capacidad de los mosquitos para transmitir enfermedades. Y no solo el dengue, sino también otras infecciones virales como el zika, la chikunguña o incluso la fiebre amarilla.
- * Pedro Romero Pedro es profesor emérito de la Facultad de Biología y de Medicina de la Universidad de Lausana, Suiza, y actual director médico y científico de Novigenix AI, Lausana.
Lea los comentarios











