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Drogas + Cigarrillos + Alcohol
Merrill Singer insistía en que todas las drogas - desde el alcohol y el tabaco hasta la cocaína y la heroína- son mercancías. Su circulación, regulación y consumo están atravesados por intereses económicos y políticos Foto: Freepik
Salud y bienestar

Drogas, desigualdad y salud: una mirada crítica

El doctor José Posada comenta el libro ‘Drogando a los pobres’, del médico y antropólogo Merrill Singer, quien llega a la contundente conclusión de que “la cuestión de las drogas no puede resolverse sin enfrentar las raíces estructurales de la desigualdad”.

Por: Jose A Posada Villa

El debate sobre las drogas suele plantearse como un enfrentamiento moral: legales versus ilegales, aceptables versus condenables, terapéuticas versus destructivas. Esa visión binaria empobrece la discusión y oculta las raíces profundas del fenómeno. El antropólogo médico Merrill Singer, fallecido en 2025, dejó un legado intelectual que obliga a mirar más allá de las sustancias mismas y a reconocer que el consumo está entrelazado con las estructuras sociales, económicas y culturales que moldean nuestras vidas. Su obra es hoy una brújula indispensable para quienes reflexionan sobre políticas públicas, economía, salud y cultura.

Singer insistía en que todas las drogas –desde el alcohol y el tabaco hasta la cocaína y la heroína– son mercancías. Su circulación, regulación y consumo están atravesados por intereses económicos y políticos. La distinción entre drogas legales e ilegales no responde a criterios médicos, sino a construcciones sociales que refuerzan jerarquías y desigualdades. En su libro Drogando a los pobres, argumentó que el consumo en sectores marginados funciona como una forma de automedicación frente a la presión de la pobreza. Esta perspectiva desafía la narrativa dominante que culpabiliza a los consumidores a nivel individual, y desvía la atención del papel estructural de la desigualdad. Como él mismo señaló: “Las distinciones entre lo legal y lo ilegal sirven para reforzar las jerarquías sociales”.

Uno de sus aportes más influyentes fue el concepto de “sindemia”. A diferencia de la noción tradicional de epidemia, la sindemia describe la interacción de múltiples enfermedades en poblaciones sometidas a condiciones sociales adversas. El VIH/sida, el abuso de sustancias y la tuberculosis, por ejemplo, no solo coexisten, sino que se potencian mutuamente en contextos de pobreza, estigmatización y exclusión. Este enfoque obliga a los responsables de políticas públicas a reconocer que la salud no puede abordarse únicamente desde la biomedicina. Las enfermedades se agravan cuando las personas carecen de vivienda digna, acceso a servicios de salud, empleo estable o redes de apoyo social. En otras palabras, la lucha contra las drogas y sus efectos no puede desligarse de la lucha contra la desigualdad.

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